El incendio que viene

Comenzamos agradeciendo a la Cigüeña de la Torre por la amabilidad de haberse hecho eco del último artículo publicado en esta Muralla. Gracias, Paco Pepe y un fuerte abrazo.

Recuerdo haber leído hace un tiempo, pero no recuerdo dónde, que antes que a Juan XXIII, fue a Pío XII a quien le propusieron convocar a un concilio ecuménico; pero este prudentísimo Papa rechazó la idea con un argumento de sentido común. Si en este momento, dijo, hay fogatas más o menos grandes en las diversas iglesias particulares lo peor que podemos hacer es juntar a todos acá (en el Vaticano), porque estaríamos provocando un incendio que no sabemos si podremos controlar.

Quien no tiene miedo a los incendios, parece, es Francisco. Él ha decidido convocar al Sínodo sobre la Sinodalidad, con agenda abierta, a la Iglesia Universal, en la que la tendencia a la piromanía es palpable en diversos episcopados.

Notemos que en un principio, este Sínodo, no causó demasiado entusiasmo dado que la presentación y difusión de la noticia solo hablaba del “caminar juntos”, “escucha”, “discernimiento”, etc, en pos de una “Iglesia más sinodal”; nada que hiciera presagiar algo tumultuoso, por lo menos hasta que leyéramos los documentos que enmarcan este proyecto, y lo que tenía de novedoso es que participamos todos los que pertenecemos a la Iglesia: obispos, sacerdotes, laicos, doctores, teólogos, amas de casa, estudiantes, etc.

Lo que el Documento Preparatorio y el Vademécum que lo acompaña proponen es que todos los católicos, “el Santo Pueblo de Dios”, opinemos. ¿Opinar sobre qué? Sobre lo que queramos. La agenda está abierta. En el Nro 26 lo dice claramente y lo expresa como pregunta fundamental: “¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro caminar juntos?”. Vale todo.

Previo a eso el Documento Preparatorio nos habla de la “infalibilidad” del Pueblo de Dios y nos dice que lo que se propone es participar de una Asamblea.  Y el Vademécum, en 1.3, nos dice: “El camino de la sinodalidad busca tomar decisiones pastorales que reflejen lo más posible la voluntad de Dios, basándola en la voz viva del Pueblo de Dios”.

Normalmente, los sínodos, a diferencia de éste que permite la participación de todos, se desarrollan como una asamblea de obispos, y otros expertos, que debaten sobre temas particulares, y que finaliza con un documento que se presenta al Papa y éste, luego de un tiempo indeterminado, produce una exhortación post sinodal que debería ser, o no, un reflejo de lo que esos obispos han concluido. Téngase en cuenta que el documento del sínodo no es vinculante, es decir que el Papa puede hacer suyas o no las propuestas del sínodo. Las conclusiones de esa asamblea no lo obligan de ninguna manera, es solo consejo y asesoramiento; pero lo normal debería ser que el Papa, en gran medida, coincidiera con las propuestas, aunque tenga todo el derecho a ignorarlas.

¿Y qué está pasando ahora? Está terminando la fase parroquial y diocesana, en la que participaron todos quienes quisieran hacerlo,  y los diversos episcopados están mandando la síntesis de lo que propone el “santo Pueblo de Dios” de cada iglesia particular, para que se prepare la fase continental, que termina en marzo del 2023. A partir de marzo de 2023 se prepara el sínodo de los Obispos, propiamente dicho, para octubre del próximo año.

¿Qué se puede esperar de este sínodo?

Lo peor. Dado cómo se ve lo que los diversos episcopados van adelantando como síntesis, debemos esperar las peores propuestas; en varios sentidos. El episcopado alemán será el abanderado de las propuestas de apostasía de la Iglesia. No estará solo ya que el episcopado francés ha adelantado que en mucho coincide con los alemanes; en cuanto al belga, la noticia que se lee hoy en Infovaticana ya nos puede dar una pista de lo que propondrá, y así, varios episcopados más. La palabrita que los reúne, que los identifica, es “inclusiva”. La Iglesia debería ser, para ellos, más “inclusiva”. Como si la Iglesia a lo largo de 2000 años hubiera sido “exclusiva”, como si hubiera rechazado a tantos. Como si su misión evangelizadora no hubiera abarcado los cinco continentes, no hubiera comprendido a todas las razas, a todas las clases sociales; como si no hubiera dado santos y mártires de ambos sexos, de todas las edades; como si no hubiera fundado y regenteado, por decenas de miles, hospitales, orfanatos, escuelas, dispensarios, universidades o geriátricos; como si no hubiera contribuido con personas y recursos financieros, para sanear las consecuencias, de terremotos, inundaciones, aludes, tornados o ciclones, maremotos y tsunamis; como si no fuera la institución, a nivel mundial, que siempre está presente para socorrer a los más necesitados; como si no recogiera y sanara durante dos milenios a los pecadores, y, lo más importante, como si no tuviera los dos instrumentos imprescindibles para “incluir” a todos: la pila bautismal y el confesionario.  

Contra esos episcopados y sus propuestas sinodales se levantarán otros episcopados, pocos seguramente; algunos africanos, algunos de Europa oriental y algún otro que sea sorpresivo. Y la sala sinodal será una carnicería donde cada uno querrá prevalecer en la confección del documento final del sínodo. Esa sala sinodal será, probablemente, una viva imagen del estado de la Iglesia francisquista.

¿Y qué hará Francisco?

Recibido el documento del Sínodo se tomará su tiempo para emitir su propio documento, sabiendo que no tiene margen para hacerse el distraído como lo hizo con los “viri probati” durante el sínodo de la Amazonia. Ahora, quienes lo van a presionar son los obispos más recalcitrantemente modernistas y mucho más agresivos que los de la Amazonia, y que están hartos de esperar las medidas de avanzada que Francisco prometía desde que se hizo cargo del pontificado.

Lo más probable, creo yo y es solo una opinión personal, es que emita un documento al estilo de Amoris Laetitia pero más laxo en cuanto a permitir la relajación de la moral católica. Nada quedará dicho explícitamente, como lo es todo en el espíritu francisquista, pero todo quedará sugerido e insinuado, porque Francisco sabe que el tiempo, el uso y las costumbres sepultarán la norma, sepultarán el dogma.

Mi opinión es que este sínodo conmoverá a la Iglesia Católica hasta sus cimientos. La Esposa de Cristo a cuya hermosura contribuyeron miles y miles de santos, mártires y confesores de la Fe, se verá entonces con su rostro tumefacto, deformado y con expresión horrible.

Salvo que su Esposo quiera impedir que se la deshonre.

3 comentarios sobre “El incendio que viene

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  1. Excelente descripción de los lamentables pasos de la sinodalidad *y muy buen análisis y pronóstico de lo porvenir. Con la esperanza de que el Esposo intervenga. *Ricardo S. Curutchet Cel.: 2604313917

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  2. Tiempos en los que N. Sr. se quejaba a sus santos de que el rostro de su Esposa era ensuciado por quienes deberían ser su mayor gloria, los ha habido. Y N. Sr., que ama a la Iglesia su Esposa hasta dar la vida por Ella, suscitó a otro Francisco («repara mi Iglesia»), a Catalina, a Brigida, a Pio de Pietrelcina… Dios es más grande de lo que podemos imaginar y ante el desastre actual tendrá que suscitar, en su bondad, «grandes santos de una santidad tal que sobrepujarán la mayor parte de los santos como los cedros del Líbano se aventajan de los pequeños árboles de su alrededor»- como decía San Luis María-, que bajo la impronta de María «serán grandes almas llenas de gracia y celo» que «con la derecha combatirán, derribarán, aplastarán a los herejes con sus herejías, los cismáticos con sus cismas, los idólatras con sus idolatrías, y los impíos con sus impiedades; y con la izquierda edificarán el templo del verdadero Salomón y la ciudad mística de Dios…»; ¡No perdamos la esperanza! Dios tiene la última palabra. Y recemos y ofrezcámonos por las almas débiles y por los pastores…

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  3. Pues eso, Dios dirá y se verá lo que procede de Él y lo que no. Yo no sería tan alarmista con el Sínodo porque me parece una buena convocatoria que revelará el verdadero rostro de la Iglesia y se sabrá quienes comulgan con ella o no. La alternativa a mi me parece peor porque llevamos años de apostasía silenciosa no solo en Alemania, sino en casi toda la Iglesia y eso sí que pudre todo y nos instala en la mediocridad. Creo que es mucho peor no provocar el que salgan abiertamente todas las personas, ideas y cosas que se mantienen taimadamente como eclesiales y no son sino infección y quitan toda la energía. Creo que el Papa lo ha hecho muy bien y Dios estará guiándolo y usando sus iniciativas para purificar la Iglesia. También a algunos profetas, el Pueblo los consideraba contrarios a sus intereses e incluso apóstatas y sin embargo, fueron instrumentos de Dios. El dogma no podrá ser sepultado porque muchos se olviden o vivan doctrinas contrarias, como no puede ser sepultada la verdad por mucho que nos toque vivir en medio de esta sociedad que la oculta o la disfraza. Ánimo y a rezar mucho por la Iglesia y por el Sínodo porque «el Señor es Quién guía a su Iglesia».

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