La Tablada: tres disparates

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Se cumplen hoy treinta años del último ataque que la guerrilla armada marxista perpetró contra la Argentina.

Para quienes no viven en nuestro país o para quienes no lo recuerdan, el 23 de enero de 1989, un grupo de enloquecidos, marxistas pertenecientes al Movimiento Todos por la Patria, en un hecho de verdaderos enajenados, atacó durante la madrugada de ese día el cuartel del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, perteneciente al Ejército Argentino.

No me voy a explayar ni a dar detalles sobre el hecho. Sobran en los diarios de hoy y en diversos portales y en las llamadas “redes sociales” distintas notas y comentarios sobre el hecho.

Ese fue el último hecho violento que el marxismo leninismo intentó, sin éxito, en su guerra contra la Argentina. Guerra que tuvo su pico durante la década de “los 70”, pero que en realidad se prolongó por casi treinta años y que terminó con el aplastamiento total del enemigo por las Fuerzas Armadas argentinas. Este hecho, el de la victoria sobre el comunismo es, sin dudas, uno de los más gloriosos de nuestra patria. No son tantos los países que derrotaron, en el terreno de las armas, a las hordas marxistas.

Pero yo quiero detenerme en tres datos que al común de la gente puede escapársele o, quizá, lo desconoce y que nos demuestra la parcialización de la información difundida por los grandes medios de comunicación. Son tres disparates.

Primer disparate: la presencia, entre los responsables de esta locura, del fraile Antonio Puigjané. La Teología de la Liberación y Angelelli.

¿Quién es este religioso?

Puigjané, que todavía vive y ronda los noventa años, es un fraile capuchino que ya en los años sesenta adhirió al tercermundismo y durante todos los años en que se desarrolló la guerra revolucionaria comunista en Latinoamérica estuvo siempre, codo a codo, con los militantes marxistas y llegó, para la época del ataque en la Tablada, a pertenecer a la mesa de conducción del Movimiento Todos por la Patria. Es decir que era un conspicuo dirigente de esta agrupación criminal y, pese a que quiso hacer creer al tribunal que lo enjuició que nada tuvo que ver con el hecho, fue condenado a veinte años de prisión.

¿Qué tiene de particular, además de su condición de “religioso”, su persona?

Puigjané fue un ladero incondicional de quien será beatificado próximamente, Monseñor Enrique Angelelli. El fraile capuchino nunca desmintió su interpretación marxista del mensaje evangélico, como tampoco nunca renegó de su amistad con Angelelli.

Este sujeto, Puigjané, es el prototipo del religioso formado en la Teología de la Liberación, tan entusiastamente promocionada, hoy, desde el Vaticano.

Segundo disparate: todos libres. Los militares, enjuiciados.

Luego de que la intentona fuera sofocada por parte de las fuerzas militares, los atacantes sobrevivientes fueron encarcelados y enjuiciados. Las sentencias recaídas variaron, según las responsabilidades, desde unos pocos años hasta prisión perpetua.

Luego de algunos años y mediante distintas presiones, que fueron desde huelgas de hambre hasta pedidos de organismos internacionales, el gobierno de Fernando de la Rúa, de infeliz memoria, procedió a reducir la pena de muchos de los detenidos; con lo cual varios de ellos quedaron en libertad. Posteriormente, Eduardo Duhalde, durante su presidencia procedió a amnistiar a los restantes.

Para el año 2003, no quedaba ninguno de los atacantes en prisión.

Hoy, en el año 2019, los jueces de la cámara federal de San Martín (provincia de Buenos Aires) están juzgando a algunos de los militares que recuperaron el cuartel del Regimiento de Infantería 3, por la presunta desaparición de algunos terroristas.

Y como broche de oro de esta situación, se da el caso de que se presentan, como testigos, aquellos que ingresaron a sangre y fuego al cuartel; es decir, los terroristas.

Tercer disparate: los militares que murieron lo hicieron en defensa de la democracia.

Esta mentira, usada como latiguillo por diferentes figurones públicos, no tiene ningún asidero. Ni los de la década del setenta ni los de la Tablada arriesgaron su vida, y en algunos casos la perdieron, por la bendita democracia.

Estuve casi cuarenta años sirviendo en el Ejército Argentino. Nunca, jamás, escuché a ningún militar, fuere del grado o jerarquía que fuere, estar dispuesto a agarrarse a tiros o a arriesgar su vida por la democracia. Es una idea estúpida a la que ningún militar adhiere.

Desde hace muchos años que entre los militares se sostiene que morir por la democracia es como morir por el sistema métrico decimal. No tiene ningún sentido.

Quienes murieron y enfrentaron al marxismo lo hicieron en defensa de la patria, que es muy distinto.

La Argentina, si desapareciera la democracia, seguiría siendo la Argentina.

La democracia partidocrática, venal, corrupta y corruptora no es esencial a nuestra patria.

No quiero terminar estas líneas sin recordar a los muertos en el ataque al Regimiento de Infantería 3.

Que Dios los tenga en su gloria y que brille para ellos la Luz que no tiene fin.

 

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