Alimentando el odio

En estos días, diversos medios de comunicación, nos hacen saber que el Papa le ha hecho llagar a Hebe de Bonafini, presidenta de la asociación Madres de Plaza de Mayo, una misiva con motivo de cumplirse cuarenta y cinco años del primer reclamo público de estas mujeres violentas y vengativas por la presunta desaparición de algunos de sus hijos; hijos estos que, en su gran mayoría, fueron criminales y terroristas que enlutaron  la Argentina toda con su andar delictivo y sanguinario.

Llama la atención la familiaridad con que escribe Francisco a esta pobre mujer, llena de rencor y resentimiento que, a diario, se empeña en demostrar.

También llama la atención que le dice que leyó “detenidamente” el libro que esta mujer le enviara sobre la historia de esta funesta organización.

La pregunta surge de inmediato, ¿tan holgado de tiempo está el Papa como para leer “detenidamente” un libelo como ese? Digo yo, ¿no sería más beneficioso para la Iglesia toda que en vez de perder el tiempo leyendo porquerías se interesara por remediar en algo la catástrofe en que ha sumido a la Iglesia Católica?

La relación del Pontífice con estas mujeres desdichadas ha sido, por lo menos, curiosa.

En tiempos en que Jorge Bergoglio era el cardenal primado de la Argentina, estas mujeres, como mascarón de proa del kirchnerismo contra el entonces cardenal, embestían poco menos que a diario contra el arzobispo de Buenos Aires y, como se recordará, llegaron a ocupa la Catedral misma y a usar el altar como letrina nauseabunda. Todo era odio contra el Cardenal Bergoglio.

De repente, cuando Bergoglio pasó a ser Francisco, el kirchnerismo todo, incluyendo a las “Madres”, se inmiscuyeron en un romance inesperado con el actual pontífice. Romance que el mismo Papa aceptó y que todavía perdura.

No olvidemos, además, que la “querida Hebe”, como la llama Francisco, es la máxima responsable de una organización que ha malversado y nunca ha aclarado cuantiosos subsidios que el gobierno de los Kirchner le hacía llegar para una fundación llamada “Sueños compartidos” que tenía la intención, por lo menos eso declaraba, de dedicarse a la fabricación de viviendas populares. Y la “querida Hebe”, también, mantuvo una relación nunca bien explicada con el parricida Sergio Schoklender.

En síntesis, todo muy oscuro, muy siniestro, muy escandaloso como para que, nada menos que el Vicario de Cristo se encuentre relacionado e involucrado con alabanzas y adulaciones a estos personajes.

Lo peor de todo es que Francisco sabe lo que pasó en la Argentina durante la Guerra Revolucionaria. Sabe cómo el terrorismo, del cual gran parte de los hijos de estas “madres” formaban parte, masacraron familias, chicos de todas las edades o padres y madres inocentes.

Francisco sabe bien lo que pasó y quiénes son estas mujeres a las que pone como ejemplo.

Pero Francisco se hace el distraído y prefiere abofetear a las víctimas de los crímenes de los hijos de estas mujeres rencorosas. Porque lo que hace el Papa es abofetear la cara, por ejemplo, a los deudos de María Cristina Viola, asesinada a los tres años por estos jóvenes por los que reclaman las organizaciones izquierdistas. También abofetea Francisco a los deudos de Paula Lambruschini, asesinada con solo quince años. En fin, que el Papa siempre encuentra la oportunidad y las palabras de lisonja para quienes llenaron de dolor a la Argentina y nunca un gesto de consuelo o de conmiseración para quienes han sufrido tanto a manos de la guerrilla marxista.

Es que Francisco siempre está del lado de los poderosos. En este caso porque los Fuerzas Armadas que combatieron y vencieron al terrorismo están en plena decadencia y la izquierda se enseñorea en el país, Francisco está del lado izquierdista. Cuando los que tenían el poder eran los militares, allá por la década de los setenta, él estaba con ellos.

Él sabe con quién meterse y, como hemos dicho en otras oportunidades, sabe elegir a sus amigos y enemigos en el momento oportuno. Así lo demuestra hoy, que se enfrenta con los tradicionalistas en la Iglesia y deja hacer al progresismo dentro de ella, como lo demuestra el caso de la Iglesia en Alemania.

“No hay tiento que no se corte ni plazo que no se cumpla”, nos dice José Hernández en su Martín Fierro. A estas “madres”, nonagenarias en su mayoría, se les está por cortar el tiento, qué pena que el Vicario de Cristo, sucesor de San Pedro, en vez de alimentar el odio en estas mujeres fracasadas, no las llame a la conversión, a prepararse para tener una muerte cristiana, porque mucha vida no les queda.

Y a Francisco también le convendría poner las barbas en remojo.

5 comentarios sobre “Alimentando el odio

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  1. «Francisco sabe lo que pasó en la Argentina durante la Guerra Revolucionaria»… ¡es así!, y no obstante ello, tuvo el caradurismo de impulsar y confirmar la «beatificación» de Angelelli y sus secuaces terroristas, puesto que, como muy bien se señala en el artículo, siempre se acomoda del lado de los poderosos de turno.
    Muy buena la publicación! Muchas gracias!
    DAI

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  2. Impecable, breve y precisa, como siempre en lo que Antonio publica. Y, por supuesto, veraz, como siempre. Dios nos guarde e ilumine a su Vicario en la tierra para cumplir la misión para la cual ha sido instituido.

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  3. Muy bueno, como siempre, Don Antonio. Un solo detalle: no fue la Bonafini quién dijo que Juan Pablo II era un cerdo?
    Qué bueno que vuelva a escribir. Saludos cordiales.

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  4. Excelente! Es la verdad que todos los argentinos sabemos y que de forma pusilánime y perpleja callamos. Igualmente, siempre hallamos consuelo en aquella antigua máxima de la Iglesia: «Kristos Nicos» «Cristo vence».
    Un saludo.

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