Príncipe renacentista

La pulseada que venimos anunciando en varios artículos anteriores entre el episcopado alemán y el Papa Francisco se viene desarrollando a la vista de todos.

La bendición a los homosexuales que los rebeldes alemanes llevaron adelante el pasado mes de mayo en abierto desafío al responsum del Cardenal Ladaria fue un movimiento más en este ajedrez patético en que se ha transformado esta reyerta.

Pero el Vaticano ha respondido con dos movimientos que han sorprendido a los obispos alemanes, en un contraataque que los ha dejado groguis y contra las cuerdas.

Veamos.

El primero es la modificación al código de derecho canónico donde, entre otras cosas, declara la excomunión automática a quien quiera o pretenda incorporar al orden sagrado a las mujeres. Disposición esta que ha golpeado de lleno en la pretensión de los alemanes.

Recordemos que el episcopado alemán, entre otras lindezas, propone principalmente tres grandes modificaciones para la iglesia universal: cambio de la moral sexual respecto a la homosexualidad, acceso de las mujeres al orden sagrado, e intercomunión o acceso de los herejes a la Eucaristía.

Entonces, de los tres propósitos principales  que el camino sinodal alemán está debatiendo, dos de ellos ya han sido rechazados por Francisco a través de la modificación del código de derecho canónico y el responsum de Ladaria.

Queda ver qué dirá el Vaticano sobre la intercomunión, que no creo que quede sin respuesta.

El segundo movimiento del Papa Francisco que ha causado desconcierto entre la progresía alemana es el rechazo a la renuncia del Cardenal Marx a su cargo de obispo.

¿Cuál era el verdadero propósito de la renuncia de este Cardenal a su diócesis?

El motivo principal era la huida. ¿Huir de qué, de quién? De la justicia alemana, porque el purpurado alemán deberá enfrentar (y ya lo está haciendo) los embates de algún fiscal por el cargo de encubrimiento del delito de pederastia ocurrido en su diócesis. Notemos que en su carta dimisionaria, Marx no renuncia a su dignidad de Cardenal sino a su cargo de obispo, con lo cual mantendría sus privilegios pero quedaría libre de sus responsabilidades actuales como obispo. Eventualmente podría conjeturar que Francisco lo llevaría a Roma, cerca de él, con lo cual enfrentar a la justicia sería mucho más fácil.

Pero hay algo más en esta saga sorprendente: en sus responsabilidades como encubridor, Marx no está solo; también corre parejo a él en esta situación sumamente complicada el obispo Georg Batzin, nada menos que el presidente del episcopado alemán. Es decir, los dos principales motores de la revuelta eclesial alemana con el Vaticano están comprometidos en esta supuesta complicidad del delito de pederastia.

Francisco, en su respuesta a Marx, en una carta que se ha hecho pública hace pocos días, con un estilo indigno para un pontífice y lleno de supuestas alabanzas, rechaza la pretensión del Cardenal de desligarse de su diócesis.

El motivo del rechazo a la renuncia de Marx -el principal- es que Francisco se ha sentido traicionado por él en los últimos dos años, como una de las cabezas del camino sinodal alemán. Ya el Pontífice hace un año había pedido abiertamente a los obispos alemanes que cesaran en su intento, que “no caminaran solos”; y Marx nada hizo en favor de las pretensiones del Papa, más bien prosiguió y animó en sus andanzas a sus pares alemanes y fungió como enlace e intérprete de ambas partes, pero sin desandar el camino como Francisco quería. Y ahora pretende que el Papa lo sustraiga de esta situación personal engorrosa. Como se dice en la Argentina, ahora Marx viene “con el caballo cansado” en busca de ayuda.

Después de ocho años de pontificado, el mundo entero sabe que si algo tiene Francisco, es memoria. Y que cobra todas las facturas pendientes. Y con Marx no ha hecho una excepción.

Al rechazar su renuncia Francisco devuelve a Marx a su diócesis, no lo sustrae de lo que le puede suceder penalmente en el futuro, y le deja claro que a pesar de “lo mucho que lo quiere”, ya no lo cuenta entre sus cercanos.

Probablemente Marx, si alguna esperanza tiene de que el Papa salve su situación, deberá comprometerse a desmontar o suavizar el famoso camino sinodal alemán. Deberá empezar a bajar los decibeles respecto a sus pretensiones de ser la vanguardia de la Iglesia, y deberá someterse a la autoridad papal como el resto de los obispos alemanes; al igual que Batzing, el atrevido presidente del episcopado teutón.

Como dijimos al principio, dos de las tres principales pretensiones alemanas ya fueron rechazadas por el Vaticano. Las dos cabezas de este movimiento, hasta hace pocos días tan orgullosas y prepotentes, han recibido un tremendo golpe que les habrá desinflado sus ínfulas de pretendidos reformadores.

Ya lo dijimos en artículos anteriores, el Papa no va a aceptar que nadie, dentro de la Iglesia, le marque el rumbo y el ritmo de sus reformas.

Francisco está ganando la partida más rápido de lo que creíamos, con ese estilo sagaz y sinuoso propio de él.  

Veremos cómo sigue este maquiavélico ajedrez.

Y hablando de Maquiavelo, recuerdo que a poco de haber asumido como Pontífice, Francisco sorprendió a toda la audiencia que se encontraba colmando el aula Paulo VI al no asistir a un concierto largamente preparado, porque él “no era un príncipe renacentista”.

Está claro que no  lo es; el estilo de su escrito al rechazar la renuncia de Marx así lo certifica, pero su sagacidad y sinuosidad para desembarazarse de sus enemigos cada vez lo asemejan más a uno.

4 comentarios sobre “Príncipe renacentista

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  1. Excelente, inteligente y novedoso análisis del tema. Original y original (y creo que muy certera) la descripción de la maniobra marxiana y de su desbaratamiento sutil, entre zalameas principescas, por parte del Papa. Un artículo conciso y luminoso. Gracias Antonio.

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