El verdadero problema

episcopado

Habiendo leído la exhortación del Papa Francisco como colofón del sínodo de la Amazonia y los artículos y comentarios en distintos blogs, diarios y portales que se ocuparon del tema, conviene situar el verdadero valor de este documento y cuál es su relación con el mayor problema que afronta, actualmente, este pontificado.

Querida Amazonia, el documento pontificio de marras, es un típico escrito del actual pontífice. Largo, anodino, pegajoso, con innumerables párrafos prescindibles y que podríamos sintetizar en un ”No, pero sí” o en un “Sí, pero no”.

En forma sumaria, podemos decir que en el Punto 4 de lo que podríamos llamar Introducción, el Papa pide a Dios que toda la Iglesia se empeñe en aplicar el contenido de las conclusiones del Sínodo, que propuso, entre otras innovaciones, la ordenación de hombres casados; con lo cual se daría un vaporoso vale a esta propuesta. Pero, a continuación, en los números 89 y 90, queda claro cuáles son los límites del laicado en cuanto a la administración de los sacramentos y cuáles, específicamente, los de la mujer; esto en los números 100, 101 y 103.

En síntesis, un documento más que ahonda la confusión en la Iglesia actual. Un aporte más al caos reinante.

Los tradicionalistas se apresuraron a festejar la no aceptación de las propuestas más “progresistas” de los padres sinodales, mientras que en el otro sector se hace especial hincapié en el punto 4, como lo ha hecho Tucho El Besuqueiro en el diario La Nación. No obstante la interpretación que hace el Arzobispo de La Plata, han sido numerosas las demostraciones de furia y decepción del ala progresista de la Iglesia.

Pero este sínodo de la Amazonia no ha sido más que un aperitivo, un adelanto del verdadero problema que el Vaticano afronta desde el año pasado y que adelantamos en este blog hace un tiempo (Choque de Planetas), y hoy Sandro Magister, el vaticanista más renombrado y mejor informado, confirma nuestra presunción.

El choque de fondo, el más dramático para toda la Iglesia es el que se está desarrollando, por ahora con los escarceos iniciales, entre el Papa y el episcopado alemán, entendiendo que la palabra episcopado incluye a una enorme proporción de la Iglesia alemana en su conjunto, esto es, incluyendo a los laicos.

La iglesia alemana estuvo expectante ante el sínodo de la Amazonia por si le servía como antecedente para llevar a cabo las heréticas reformas que tienen agendadas. No es que necesiten que las propuestas de avanzada de la Amazonia sean aprobadas. Si lo eran, mejor; servirían como referencia. Pero si no lo fueron, y supongamos que fue así, que el Papa no aprobó lo de los “viri probati” o el diaconado de mujeres en su exhortación, a ellos no les movería el amperímetro. Ellos van a seguir adelante a como dé lugar. Y las reformas, que quieren hacernos creer que solo serán vinculantes para la iglesia alemana, las van a querer exportar. De otro modo sería imposible. Porque no podrían coexistir, en la misma Iglesia, quienes aprueben, por ejemplo, las uniones entre maricas y quienes las califican como lo que son: un pecado que clama al cielo.

Los cardenales alemanes, en su mayoría, que apoyaron la elección de Francisco en el cónclave, que lo acompañaron en sus pasos iniciales y que veían en él a quien concretaría las grandes reformas que tanto anhelaban, han ido perdiendo el entusiasmo original porque ya no le tienen confianza y, en todo caso, han perdido la paciencia y quieren acelerar los profundos cambios que, según ellos, la Iglesia necesita.

Hay un aspecto que Magister soslaya o por lo menos no lo dice en su escrito y es el aspecto psicológico de Francisco.

Si hay algo que el Papa actual no tolera es que nadie le diga qué, cómo y cuándo hacer las cosas; que le quieran imponer las formas y los tiempos.

El libro que escribieran, a dúo, Benedicto XVI y el Cardenal Sarah, más allá de su contenido y de la presión que ejerció sobre el Papa ante la inminente publicación de “Querida Amazonia”, produjo no solo estupor sino también un profundo desagrado en el Papa reinante porque alguien le había marcado la cancha; pero este alguien tenía demasiado peso como para ser desoído. No sabemos, a ciencia cierta, qué piensa Francisco sobre el celibato sacerdotal ya que un día dice que coincide con Pablo VI y su postura tradicional y otro día convoca a un sínodo que trate sobre el celibato a una gran mayoría de curas y obispos progres que no hicieron otra cosa que aconsejar lo que se preveía: que aboliera el celibato para la Amazonia. De lo que sí estamos seguros es que lo que más le molestó es que el Papa anterior hiciera pública su posición respecto de este tema y en el momento en que lo hizo, condicionándolo en su decisión.

La renuncia del Cardenal Marx a presidir el episcopado alemán por un nuevo período se inscribe en la dinámica de este conflicto. Marx, uno de los principales sostenedores de este pontificado y propulsor de Bergoglio al papado en el último cónclave, no quiere ser quien lo enfrente, en representación del episcopado, en los dramáticos meses que se avecinan.

Los alemanes no cejarán en sus intenciones, pero evitarán la ruptura formal con Roma. ¿Será ese su límite? Pero meter violín en bolsa y replegarse a la situación inicial no está en sus cálculos, sería una derrota que no están dispuestos a digerir.

Francisco, fiel a su estilo y personalidad, no se dejará avasallar y habrá que ver hasta dónde está dispuesto a conceder sin que se haga mella de su autoridad.

Como quiera que sea, salta a la vista que lo que aquí falta es una mirada sobrenatural de la realidad.

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