La culpa no es del chancho

 

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Leyendo la información que publica Infocatólica, acerca de la “celebración” sacrílega que denuncia un grupo de sacerdotes, me detuve un instante en el punto en que dice que esos sacerdotes se entrevistaron con el obispo diocesano del lugar donde ocurrió el hecho, que no es otro que Monseñor Eduardo García.

No lo conozco personalmente pero sí lo recuerdo bien por haber participado en tres misas presididas por él. En todos los casos fueron circunstancias fortuitas, derivadas de mi trabajo, que no vienen al caso comentarlas.

La primera de las misas fue hace dos o tres años, no recuerdo ya el motivo de la celebración pero fue en la capilla que existe en el Mercado Central de Buenos Aires. De esa misa, en la que el audio era pésimo, solo recuerdo que estaba abarrotada por grupos que poco tenían que ver con la Iglesia pero sí con el peronismo. Sobraban las banderas y pancartas alusivas al kirchnerismo y a la gestión municipal, nefasta, de la actual intendente, Verónica Magario. La “participación” de la feligresía que asistió a la misa denotaba que no entendían lo que era una misa: gente consultando celulares, fumando, etc, etc, etc. La homilía del obispo, penosa.

La segunda de las misas que presencié, de este obispo, y que no pasó de los veinte minutos, fue en ocasión de la Semana Santa de este año. Las circunstancias que la rodeaban eran kafkianas. Quien conozca el Mercado Central de Buenos Aires lo entenderá bien y quien no, apenas podrá hacerse una idea. Entre los pabellones de venta de frutas y hortalizas, en la calle, donde circulan, a diario, decenas de miles de personas, carros empujados por jornaleros llenos de cajones con tomates o naranjas, multitud de changarines con el torso desnudo vociferando, maldiciendo, insultándose mutuamente o escupiendo, centenares de fletes activando sus bocinas, frenando de golpe, policías persiguiendo sospechosos, camiones en plena descarga, etc, en medio de ese caos, propio de un mercado, llega Monseñor con una media docena de sacerdotes, despliega una mesita mínima y, ante la mirada de no más de una decena de curiosos, celebra la misa, consagra y da por terminada su acción pastoral en el Mercado Central. Prácticamente nadie entendía eso que se veía y a nadie le importó. ¿Qué sentido tuvo eso?

La tercera y última oportunidad en que coincidí con este obispo fue hace poco menos de un mes, el veintidós de octubre, en ocasión de la liturgia en memoria de San Juan Pablo II. Se había anunciado que era el cierre de la misión diocesana en la zona. Durante el trayecto pensé que dada la publicidad y que vendría a celebrar el obispo, la pequeña capilla estaría desbordada. Estamos hablando de una capilla muy pequeña. No éramos más de veinte personas. Y la liturgia tan poco digna como las anteriores. El obispo batiendo palmas, porque todos los cantos eran acompañados por palmas. El lenguaje del obispo totalmente inapropiado: “Te lo pedimos a Vos, que vivís y reinás, etc”. Los concelebrantes, salvo uno, el más joven, faltos de toda actitud devota, contemplando lo que sucedía afuera dado que la capilla era abierta. Y la homilía del obispo, que duró menos de cinco minutos, de una precariedad alarmante. Uno no sabe si es falta de preparación del obispo o desprecio por el auditorio; como si las almas sencillas no pudieran captar la profundidad del evangelio.

Estos son los resultados de la “acción pastoral” de estos obispos. La diócesis de San Justo debe ser la más populosa del conurbano bonaerense. Y el obispo logra reunir a no más de veinte personas, incluyendo los invitados.

Me comentan que en una oportunidad, durante una misa para niños, hizo participar a payasos y mimos durante la celebración, con globos y papelitos durante el transcurso de la misa.

¿Tiene idea este obispo de que lo que sucede en la misa es un milagro? ¿Tiene la certeza de que cada misa reedita, en forma real pero incruenta, el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz? ¿Cree que por ser obispo está autorizado a celebrar la misa en forma tan indigna y como a él le parece?

Si estas cosas hace el obispo, no llama la atención que en su diócesis pase lo que se ve en el video y que motivara la denuncia de estos sacerdotes.

No sé si Monseñor García conocía lo que este sacerdote, el denunciado, hacía. No tengo por qué dudar de su buena fe.

De lo que sí dudo es de su teología.

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