De Rodillas

Nro100

Cualquier General que está en operaciones con su tropa, antes de un combate, aprecia la situación en que se encuentra para, luego de ponderar cada factor que influye en esa situación, disponer de la mejor manera los recursos con que cuenta para obtener la victoria. Dentro de esa apreciación de situación, también podrá historiar de cómo es que se llegó a la situación que está viviendo. El recuento de bajas, qué tropa flaqueó en algún momento, los apoyos impensados que surgieron, la calidad de su tropa y la del enemigo, las sorpresas que surgieron, si el lugar donde se combatirá es el más favorable para él o si lo eligió el enemigo, y una serie de aspectos que tendrán mayor o menor valía al momento de tener que decidir cómo cumplir con su misión.

Siguiendo el esquema general sugerido en el párrafo anterior, podríamos analizar cómo es que llegamos a esta situación, en qué condiciones estamos y lo que conviene hacer en estos dramáticos días en que en nuestro país se está decidiendo sobre la legalización de la matanza de inocentes.

La campana de largada fue dada por Macri allá por marzo cuando anunció en el Congreso que estaba a favor de los “debates maduros y responsables”. No me voy a detener a analizar esta frivolidad e irresponsabilidad. Lo más importante es lo que vino después.

Tanto quienes están a favor del aborto como quienes estamos en contra movilizamos todas las energías disponibles.

El sector abortista estaba tan seguro de que la ley “saldría” que presentaron un proyecto brutal, sin ninguna concesión. Ni siquiera respetaba la objeción de conciencia. A la larga, esa brutalidad le jugó en contra; especialmente en el Senado.

En cuanto a la propia tropa, y en esto me quiero detener, hay cosas que deberíamos resaltar.

En principio, no estoy de acuerdo con quienes sostienen que por ser el sistema partidocrático venal, corrompido y corruptor y, por ser la naturaleza de la ley tan inicua, deberíamos habernos mantenido al margen de movilizaciones y de debates, tanto en diputados como en senadores, o en programas televisivos; y no avalar, con la participación de católicos, semejante desquicio. Son quienes solo se limitarían a proclamas solemnes y al testimonio público de pocos y cuyos testimonios serían poco menos que académicos solamente, dejando la calle y la opinión pública en manos enemigas.

¿Alguien cree que festejamos o nos parece bien que temas tan trascendentales y decisivos queden en manos de los legisladores? Por supuesto que no, pero esa es la realidad.

Para quien no lo percibe todavía, es el enemigo, hoy por hoy, quien tiene la iniciativa y el poder. Él es quien elige el campo de combate. Negar esa realidad es de necios. Habrá que combatir, a regañadientes, en esos ámbitos. Ya vendrán tiempos mejores en que las condiciones las podremos imponer.

No pretende este escrito ser una lista de chequeo exhaustiva. Ya habrá tiempo para que personas mejor informadas y con más capacidad hagan un pormenorizado análisis de lo que ha sucedido. Solo se trata de resaltar lo que es más evidente para ésta, mi opinión.

Lo primero que deberíamos analizar en el sector propio es el accionar de los obispos; pastores del rebaño que Dios les ha confiado. Su conducta ha sido, por ser suaves, de una tibieza dramática. La pregunta es: ¿esperábamos otra cosa? No, no esperábamos algo distinto. Recuerden el primer párrafo de este escrito, un buen comandante conoce la calidad de su tropa.

En cuanto a los laicos, según mi criterio, en la mayoría de los casos, su espíritu de lucha, su movilización, su testimonio, ha sido asombroso.

No me refiero solamente a figuras señeras en estos días como los doctores Abel Albino, Chinda Brandolino, Mariana Rodríguez Varela y otros muchos que ha puesto el cuerpo en los momentos más calientes. Me estoy refiriendo a multitud de gente anónima que ha tomado estos acontecimientos como lo más importante de su vida en estos días.

Cadenas de llamadas para presentarse con prontitud en lugares donde hacía falta, movilizaciones callejeras, grupos de opinión para influir con la verdad a gente que tiene que decidir, panfleteadas, cadenas de oración, noches heroicas, horas santas, charlas informativas en todos los ambientes, participación masiva en las redes sociales y un larguísimo etcétera.

También asombra la vitalidad y capacidad de iniciativa de numerosísimos jóvenes católicos, muchos de los cuales hacen sus primeras armas en esto de lidiar cara a cara con el enemigo.

Del mismo modo, ¿cómo no?, el trabajo sin desmayo de numerosos párrocos, alentando, organizando e impulsando entre sus feligreses distintas acciones que contribuyan a detener esta intentona de que en el país se imponga la ley del aborto.

Familias enteras, del más variado origen social, testimoniando en lugares públicos su postura cristiana.

Pero todo comandante tiene su tropa de elite. Esta tropa, por ser la más cara y la mejor preparada, se empeña en el momento y lugar más crítico de la batalla.

En nuestro caso, hablamos de los adoradores de la Eucaristía. Hablamos de cientos de monjas, de clausura o no, monjes, amas de casa, personas impedidas físicamente, gente que ha empeñado tiempo libre o de descanso en pedir al Dios de los Ejércitos que no se pierda esta batalla, que nadie se rinda.

No recuerdo, desde la guerra de las Malvinas, otro momento en que se haya rezado tanto en la Argentina.

Al revés de la tropa de elite de un comandante militar, que se empeña, como dijimos, en el momento crucial, nuestra tropa selecta se empeñó desde un principio, desde que se abrió esta caja de Pandora.

Conventos, monasterios, capillas de adoración, sagrarios y hasta casas de familia, pasaron a ser su campo de combate. Ese campo sí es conocido por ellos.

Y vaya si no han tenido buenos resultados. La resistencia a esta injusticia, a esta ley infame, ha sobrepasado los cálculos abortistas; sobre todo después de lo que pasó en la cámara de diputados.

¿Qué hacer en el tiempo que queda hasta que esto se decida?

De rodillas, señores. Como lo viene haciendo nuestra tropa de elite desde hace varios meses. De aquí al próximo miércoles, de rodillas ante los sagrarios.

Y el miércoles ocho de agosto, habrá que salir a la calle, hasta que todo termine.

En la calle habrá que toparse, a centímetros, con el zurdito sucio y pelilargo, con la veinteañera que ha hecho de su vida un homenaje al odio, con la mujer humilde que, engañada o paga, se ha dejado colgar de su cuello un pañuelo verde.

Y habrá que mostrarle nuestro amor a Cristo y que queremos que Él reine.

Y que nuestro amor a Cristo incluye al pelilargo, a la veinteañera y a la mujer humilde, convertidos.

Sin miedos.

Después de todo, nuestra tropa de elite seguramente estará de rodillas en los reclinatorios.

3 comentarios sobre “De Rodillas

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  1. Clarísima síntesis de lo que estamos viviendo. Las reservas no están perdidas. Los jóvenes dan grandes muestras de valentía. Sin oración dificilmente la Argentrna salga de esta repugnante decadencia. Felicitaciones por el análisis

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  2. Disfruto mucho de leer tus palabras, Antonio. Realmente es lo que uno está buscando y no encuentra en ninguna parte: las palabras de un católico en serio, que pelea el buen combate. Un gran abrazo, ¡Cristo no nos abandona!

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