
Recuerdo que, a mis dieciséis años, mi padre me regló un libro, cuya edición no era nueva, que me impactó profundamente: Guerra Contrarrevolucionaria, del gran maestro del nacionalismo católico argentino, Jordán Bruno Genta. En ese libro, un joven argentino pudo encontrar un compendio, una síntesis, de aquello por lo que valía la pena vivir y morir. En sus capítulos, si mal no recuerdo, estaban divididos todos los grandes temas en Doctrina Negativa y Doctrina Positiva. Y, otra vez recurriendo a mi mala memoria, creo que fue por mi padre, o quizás lo decía el prólogo de la edición, que me enteré que esa obra, tan básica como imprescindible, había sido escrita para formación de los cadetes de la Escuela de Aviación Militar de nuestro país. Este fue el primer libro que leí de este preclaro maestro, y luego, sucesivamente, fui leyendo otros no menos imprescindibles.
Tan importante y fecunda fue la obra de Genta que, terminada la Guerra de Malvinas, los ingleses, periodistas y militares, hicieron un estudio serio sobre las causas, desarrollo y consecuencias de la guerra. Al estudiar el tema sobre la pericia y valentía de los pilotos argentinos en el aspecto aeronaval de la contienda, no pudieron menos que reconocer que una de las causas de la formación de lo pilotos argentinos, que admiraron a sus enemigos por sus hazañas, fue lo que denominaron el “factor Genta”. Es decir, entre los factores a tener en cuenta en el análisis de la guerra, para ellos, los ingleses, la influencia de la doctrina y el pensamiento de Genta sobre la formación de los héroes argentinos, había sido decisiva.
El profesor Genta había logrado, con su lúcida prédica católica y nacionalista, un patrón común que distinguía y “uniformaba” a todos estos héroes. Sobre este aspecto conviene leer el artículo que Nicolás Kasansew Publicado en La Prensa.
En estos días en que está en el candelero mediático la situación que se está viviendo en Gaza, varios periodistas y diversas publicaciones, se preguntan sobre la raíz de la formación de los sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado que han sido, y son, protagonistas, con su presencia y su obrar en tantos escenarios azotados por la guerra. Es el caso del escrito del periodista Sergio Rubín en el suplemento Valores Religiosos, del diario Clarín.
Rubín describe algunos escenarios cuya memoria ha sido, en parte, eclipsada por la actualidad de Gaza; pero él nombra, por ejemplo, a la comunidad de los Padres Alaniz y González en Siria o los sacerdotes Montes e Igarzábal, en Ucrania, y a las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, la rama femenina del IVE. Aunque, para no ser injustos, habría que mencionar las misiones del IVE en Sudán, en su momento, durante la guerra civil, o la presencia hasta último momento en Irak, cuando el ISIS arrasaba con todo lo que se le ponía adelante, y que ocasionó que varios religiosos abandonaran el país, cosa que no hicieron los sacerdotes del IVE.
Digo entonces que, como Rubín, varios otros periodistas y observadores desprevenidos, se preguntan por la causa de ese rasgo común de los misioneros del IVE que los lleva a estar presentes en los peores lugares y circunstancias que cualquier ser humano preferiría evitar.
Quienes conocemos bien a esta congregación, tenemos una respuesta tan sencilla como contundente: “el factor Buela”.
El fundador del IVE con su prédica y con las constituciones y documentos logró insuflar, tanto en las ramas femenina como masculina, no sólo el amor por la misión evangelizadora, sino también el espíritu para aceptar y emprender las misiones más difíciles y complicadas para la Iglesia en la actualidad.
Constituciones Nro 30: “Por el carisma propio del Instituto, todos sus miembros deben trabajar en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano, aún en las situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas”.
Directorio de Espiritualidad del IVE, Nro 216: “…¡Duc in altum!. Es una invitación a realizar grandes obras, empresas extraordinarias donde hay mucho de aventura, de vértigo, de peligro, donde las olas sacuden la barca…”
No cualquiera está en condiciones anímicas y espirituales para soportar la presión y las escaseces, de todo tipo, en determinadas regiones y situaciones. Y, sin embargo, estos misioneros siguen, bajo tamaña presión, con sus “rutinas”: uso de la sotana y del hábito, cuando la “situación” podría excusarlos de eso, ¿quién no entendería que anduvieran en mangas de camisa?; adoración eucarística, misa oficiada con devoción, catequesis para los fieles y tantas otras actividades que se siguen haciendo bajo fuego enemigo.
Quien esto escribe ha sido testigo, hace muchos años, de la valentía y abnegación de otros misioneros, en este caso salesianos, durante la guerra civil en Angola, en la que había que tener algo más que simples intenciones para soportar situaciones trágicas y de auténtica desesperación.
El desempeño de los misioneros del IVE no es casual o fruto de la improvisación. A las condiciones humanas naturales de estos hombres y mujeres, a las que debe sumarse una formación y preparación concienzuda de muchos años, más la evidente y principalísima intervención de la gracia sobrenatural, dan estos resultados: auténticos testigos de Cristo.
Ese es el “factor Buela”.
Pero algo más tienen en común aquellos pilotos que frecuentaron hazañas bélicas y estos sacerdotes y monjas: han sido perseguidos, y todavía lo son, desde dentro de sus propias instituciones. Sin embargo, han sabido resistir y han dado ejemplos que asombran al mundo.
El mundo no entiende cómo se puede llegar a estos límites de entrega para testimoniar a Cristo. Como tampoco lo entienden algunos pseudointelectuales “católicos”, dueños de blogs muy leídos, donde escriben verdaderos tratados de teología y metafísica para fundamentar que en la misa debe haber una vela más o una vela menos sobre el altar o sacan las cuentas de cuántos pontífices católicos fueron “pastorales” o “políticos” en los últimos doscientos años. En el paroxismo de su onanismo intelectual no son capaces de escribir una sola línea de reconocimiento de estos verdaderos mártires en Gaza, en el Congo, en Nigeria, la India, Siria y tantos otros lugares en que se ametralla el divino rostro de Nuestro Redentor. No los conmueve la sangre derramada por estos auténticos ejemplos, y desde la comodidad de un sillón bien mullido y con un vaso de whisky barato en la mano, pontifican y peroran sobre la historia y sobre el devenir.
Quiera Dios que estos ejemplos, en que estos misioneros y misioneras juegan su pellejo a diario, sirva no sólo para causar admiración, sino, también, para convertir a quienes no creen y a quienes creen saberlo todo y no han entendido nada.
Contra factum non valet argumentum.

excelente artículo y cuanta verdad ! Quiera Dios que llegue a quien tiene el poder de revertir la situación de esta Gran Familia Religiosa
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Gracias por tan buen articulo, como terciaria puedo decir que me han enseñado lo que es amar a Cristo de verdad, no solo de palabra. Su ejemplo vino a despertarme del letargo en el que estaba, a sacarme de mi zona de confort y tratar de dar siempre lo mejor a mi Señor dentro de mi estado de vida.
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