Cállate, cállate, cállate, que me desesperas

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Si a alguien se le hubiera ocurrido filmar una película sobre la corrupción escandalosa de un gobierno y gran parte de los empresarios más conocidos de una sociedad, donde el dinero mal habido se transportaba en bolsos y toda la estructura delictiva estaba montada sobre el organigrama de funcionarios del estado de primero, segundo y tercer orden, hubiera sido una muy buena idea. Pero si el desenlace de la película, la caída de los malos, estaba basada en unos cuadernos manuscritos del chofer de uno de los autos en que se movían los botines, hubiéramos pensado que el final era pésimo; que semejante saqueo perpetrado por funcionarios y empresarios no se iba a desmoronar por unos apuntes que llevaba, día a día, un pobre sujeto que solo estaba destinado a transportar al truhán que llevaba los bolsos. A Hollywood no le hubiera interesado ese guión.

Pero así pasó. O está pasando.

El ex sargento Centeno, sin saberlo, le ha brindado un enorme servicio a la patria con sus cuadernitos.

Se abrieron los anotadores y es como si se hubiera destapado una gran cloaca, donde las cucarachas y ratas salen disparadas para todos lados.

Y de repente, todos se arrepienten.

El primero, Ángelo, el primo de Mauri, que por supuesto, no sabía nada. Pero Ángelo estaba tan pero tan arrepentido que hay que tener el corazón de piedra para no conmoverse. Y el primo dice que sí, que él aportó unos dinerillos pero era porque los kirchneristas eran extorsionadores, pero nada que ver con la coima. Nada que ver.

Y después vienen otros, tan arrepentidos como Ángelo. No vale la pena esforzarse en poner sus nombres, pero son muchos. Todos arrepentídisimos. Incluso un tal Wagner, ex presidente de la Cámara de la Construcción, el organizador, junto a De Vido,  de esta verdadera orgía.

Pero están todos arrepentidos, eh.  A no confundirse.

Y Cristina que no sabe cómo hacerlos callar.

Y llegó el turno de Uberti. Uno lo ve y lo escucha y no sabe si reírse o llorar. En manos de estos tipos hemos estado durante doce años.

Este lacayo de los Kirchner sufre un ataque de logorrea en el peor lugar en el que le pudo haber pasado: delante de un fiscal federal. Y habla de todo.

Y Uberti  excede nuestra capacidad de asombro. El sujeto relata que le entregaba el dinero al presidente de la nación en su mismo despacho. Y relata que Kirchner le pegaba, a él y a sus colaboradores. Y los maltrataba. Y ellos lo permitían sin el más mínimo gesto de rebeldía. Y que el dormitorio de la residencia del presidente de la nación estaba repleto de bolsos con dinero sucio. Y bla, bla, bla.

Esta también podría ser una de las causas por las que Hollywood no aceptara el guión, porque  ¿cómo que el dormitorio estaba lleno de dinero? ¿Cómo que el democrático Néstor golpeaba a sus colaboradores?

Pero resulta que sale Julio Bárbaro y dice que sí, que Néstor era un tipo agresivo.

Cállate Uberti. Cállate Bárbaro.

Y en el camino caen personajes como Gerardo Ferreyra, mandamás de Electroingeniería, con pasado en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Que también hizo sus aportes. Pero atentti, no de cualquier manera: “lo hice en moneda nacional porque no desarrollamos la cultura del dólar. Tengo aversión personal hacia el dólar porque es un instrumento de dominación, de dependencia, que exacerba el consumismo y el amor por el extranjero” (Diario Perfil). El tipo soborna pero mantiene inmaculadas sus convicciones revolucionarias. Bien, Ferreyra.

Y entremedio una comedia barata. El juez que quiere allanar las propiedades de la jefa de la banda y tiene que pedirle permiso al “honorable” Senado. Y por supuesto que se lo dilatan y se lo impiden. No sé, técnicamente, qué valor judicial puede tener un allanamiento tan anunciado, o qué espera el juez encontrar después de tanta demora, pero la conclusión que uno saca es la crapulesca confabulación de estos legisladores para impedir algo tan básico como  es inspeccionar esas madrigueras.

Las derivaciones de los cuadernitos y los arrepentidos no se hacen esperar. Uno de los declarantes es un ex Jefe de Gabinete, que dice que sí, que él sabe de esos fondos, pero que nunca dudó de su origen intachable. Y le tocó el turno a su secretario privado, un tal Larraburu que, en su declaración, involucró a … La Cámpora, a través de Ottavis y Larroque.

¿La Cámpora? No, debe haber una confusión. ¿Los muchachos de La Cámpora involucrados en este latrocinio?

No queda nada en pie, muchachos. Nada.

¿Pero no alcanza para parar todo este desbarajuste con el argumento de la caligrafía de Estela Carlotto?

Parece que no.

Pero Cristina tiene su tropa de elite, que seguramente vendrá al rescate.

Se trataba de un “colectivo”.

Estos progres tienen esa manía de, para parecer más “culturosos”, inventar términos o asociarlos de manera de aparecer como novedosos. Puro barniz, nada de profundidad. Les encanta usar el término “colectivo” como sinónimo de agrupamiento. Allá ellos.

¿Quiénes son ese “colectivo”?

Carta Abierta, señores. El “colectivo intelectual” del kirchnerismo. Ni más ni menos

Estos explicadores de lo inexplicable; vividores del presupuesto nacional y de los impuestos que pagamos todos los argentinos, estarán elaborando su documento señero, rector, sobre el desarrollo de estos acontecimientos y de las verdaderas causas que los produjeron.

Hay que reconocer que son originales. Horacito Verbitsky, un tal González, que lo reconozco porque se ve que no conoce el peine y que tuvo algo que ver con la Biblioteca Nacional y otros que ni me suenan, darán, seguramente, un lapidario informe sobre cómo se cierne sobre la Argentina un futuro de sombras si esta causa prospera. O algún razonamiento similar.

Estamos ansiosos por leerlo.

La vida en la Argentina está dura y Carta Abierta nos va a hacer reír un rato. No viene mal hacerlo ante tantas desgracias. Y encima es gratuito.

 

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